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SOBRE EL LIBRO

el codigo da vinci

Autor: Dan Brown

Editorial: Booket

Año: 2017 (primera edición 2003)

Páginas: 624

¿Es una serie? Sí, pero es autoconclusivo. 

ISBN: 8408175726

Calificación:
4.5/5

SINOPSIS

Robert Langdon recibe una llamada en mitad de la noche: el conservador del museo del Louvre ha sido asesinado en extrañas circunstancias y junto a su cadáver ha aparecido un desconcertante mensaje cifrado. Al profundizar en la investigación, Langdon, experto en simbología, descubre que las pistas conducen a las obras de Leonardo Da Vinci… y que están a la vista de todos, ocultas por el ingenio del pintor. 

Langdon une esfuerzos con la criptóloga francesa Sophie Neveu y descubre que el conservador del museo pertenecía al priorato de Sión, una sociedad que a lo largo de los siglos ha contado con miembros tan destacados como sir Isaac Newton, Botticelli, Victor Hugo o el propio Da Vinci, y que ha velado por mantener en secreto una sorprendente verdad histórica. 

Una mezcla trepidante de aventuras, intrigas vaticanas, simbología y enigmas cifrados que provocó una extraordinaria polémica al poner en duda algunos de los dogmas sobre los que se asienta la Iglesia católica. Una de las novelas más leídas de todos los tiempos.

RESEÑA

Había escuchado que era el libro favorito de Brown de muchos lectores y que era realmente bueno y ahora entiendo porqué. 

Tengo que decir que estoy muy muy contenta por fin de haber acabado todos los libros de Brown. Sinceramente, he esperado demasiado, pero no ha estado mal. De nuevo he tenido el problema de comparar el libro con la película y creo que eso no me deja ser del todo imparcial. Ahora bien, como ya os dije mi libro favorito de Brown es La conspiración y después de leer esta novela, siendo de temáticas tan diferentes, tengo dos novelas favoritas de este escritor.

La historia narra, de nuevo, la súper-rápida aventura del profesor Langdon, que en una visita a París se ve envuelto en un crimen de un importantísimo conservador del Louvre, Jacques Saunière. Por cosas del destino, se verá embarcado con la nieta de éste, Sophie Neveu, en la búsqueda de algo que llevan buscando muchos desde hace cientos de años: el Grial. Pero no todo es un camino de rosas (y es que en las novelas de Brown nada lo es) y corren peligro de ser apresados por la Policía Judicial de París. El capitán Bezu Fache les pisará los talones en una carrera a contrarreloj y el numerario albino Silas, al servicio del obispo Aringarosa del Opus Dei, verá truncado su trabajo para la Obra por la intervención de los dos protagonistas.

En esta novela pasan un montón de cosas extraordinarias y lo más destacable para mí es la historia. No la historia que se cuenta sino la historia dentro de la historia. Como siempre el muy criticado Dan Brown parece que comete errores (¿¿garrafales??) sobre la historia pero parece ser que también sobre la Iglesia. Esta novela fue muy controvertida tanto en su publicación escrita como la grabación de la película.. Grupos cristianos —más en concreto el Opus Dei— se posicionaron totalmente en contra del contenido del libro. Muy normal si lo que hace es criticar las bases de la religión cristiana. En una breve investigación he podido ver que sólo en la página web oficial del Opus Dei existen 9587 resultados de búsqueda que contienen alusiones (o directamente son artículos enteros) sobre el libro. No es mi intención criticar ninguna fe, pero me parece pasmoso que un simple libro haya desatado la fiebre por desmentir cada una de las palabras de la novela, siendo esta una novela de ficción. 

Aunque, siendo justos, ¿por qué no podría ser cierta la versión de Brown? Las pocas páginas que he visitado dan tantos argumentos y pruebas de lo que dicen como Brown en la novela, así que hasta que se demuestre lo contrario tanto una versión como otra son totalmente válidas (errores históricos a parte). Me parece muy interesante el debate que se ha suscitado, así como el planteamiento de Brown acerca del paradero del Santo Grial y de cómo ha sido conservado hasta nuestros días. En la historia de Brown, se nos presenta a un Jesucristo más terrenal, un hombre de gran sabiduría, quizá con algún tipo de don especial… una manera muy distinta a como nos lo han explicado siempre y Brown lo explica de una manera tan natural que podría ser perfectamente posible y seguramente de ahí radica su éxito.

Así, lo que más me gusta de todo el libro son las explicaciones sobre el Priorato de Sion —más conocidos como los Caballeros del Temple— y sus movimientos para proteger el Grial, así como las referencias sobre la Iglesia y cómo han intentado ocultar la verdad que el Prioratio de Sion ha intentado proteger, una verdad que de desvelarse, pondría en duda todas las bases de la fe cristiana. Es un valor añadido que Leonardo Da Vinci se encuentre involucrado en la historia. Siempre me ha parecido una figura muy misteriosa y ha despertado gran curiosidad en mí. Y también me ha gustado que Brown haya respetado la historia de Ángeles y Demonios, pues se supone que pasa un año antes. Son detalles que enamoran.

 

Pero dejando a un lado todo esto, El Código Da Vinci no es a mi parecer un libro sobre sólo sobre historia, ni siquiera sobre religión ni política antigua. Es un perfecto manifiesto feminista. Se toma de base para la historia las leyendas e historias paganas de adoración a las diosas y Brown da explicación de cómo hemos pasado de adorar a la feminidad a «demonizarla». Obviamente sí, aquí toca temas delicados con la Iglesia:

 

«La Inquisición publicó el libro que algunos consideran como la publicación más manchada de sangre de todos los tiempos: el Malleus Malleficarum —El Martillo de las Brujas—, mediante el que se adoctrinaba al mundo de «los peligros de las mujeres librepensadoras» e instruía al clero sobre cómo localizarlas, torturarlas y destruirlas. Entre las mujeres a las que la iglesia consideraba «brujas» estaban las que tenían estudios, las sacerdotisas, las gitanas, las místicas, las amantes de la naturaleza, las que recogían hierbas medicinales, y «cualquier mujer sospechosamente interesada por el mundo natural». A las comadronas también las mataban por su práctica herética de aplicar conocimientos médicos para aliviar los dolores del parto —un sufrimiento que, para la Iglesia, era el justo castigo divino por haber comido Eva el fruto del Árbol de la Ciencia, originando así el pecado original. Durante trescientos años de caza de brujas, la Iglesia quemó en la hoguera nada menos que a cinco millones de mujeres. 

La propaganda y el derramamiento de sangre habían surtido efecto. El mundo de hoy era la prueba viva de ello. 

Las mujeres, en otros tiempos consideradas la mitad esencial de la iluminación espiritual, estaban ausentes de los templos del mundo. No había rabinas judías, sacerdotisas católicas ni clérigas islámicas. El otrora sagrado acto del Hieros Gamos —la unión sexual natural entre el hombre y la mujer a través de la cual ambos se completaban espiritualmente— se había reinterpretado como acto avergonzante. Los hombres santos que en algún momento habían precisado de la unión sexual con sus equivalentes femeninos para alcanzar la comunión con Dios veían ahora sus impulsos sexuales naturales como obra del diablo, que colabora con su cómplice preferida… la mujer. 

Ni siquiera la asociación femenina con el lado izquierdo iba a escapar de las difamaciones de la Iglesia. En varios países, la palabra izquierda, o siniestra, pasó a tener connotaciones muy negativas, mientras que la derecha pasó a simbolizar la corrección, destreza  y legalidad. Incluso en nuestros días, a las ideas radicales se las consideraba «de izquierdas», el pensamiento irracional estaba regido por el «hemisferio izquierdo» y de cualquier cosa mala se decía que era «siniestra». 

Los días de la diosa habían terminado. El péndulo había oscilado. La Madre Tierra se había convertido en un mundo de hombres, y los dioses de la destrucción y de la guerra estaban cobrando los servicios. El ego masculino llevaba dos milenios campando a sus anchas sin ningún contrapeso femenino. El Priorato de Sion creía que era esta erradicación de la divinidad femenina en la vida moderna la que había causado lo que los indios hopi americanos llamaban koyinisquatsi —«vida desequilibrada»—, una situación inestable marcada por guerras alimentadas por testosterona, por una plétora de sociedades misóginas y por una creciente pérdida de respeto por la Madre Tierra.» 

Páginas 158-159, «El Código Da Vinci»

 

Y así sigue constantemente durante todo el libro: defendiendo a lo sagrado femenino, a las mujeres, los símbolos que las representan. Y no sólo eso, sino que me parece totalmente increíble la concepción de la unión estabilizadora del hombre y la mujer. Realmente creo en ello. Y es agradable encontrarte con cosas así para variar, más en un libro con tal temática. No te lo esperas para nada de nada.

Otro punto fuerte son los personajes. Dejemos a un lado a Langdon que es tan encantador como siempre y más erudito que en el resto de novelas. La verdad es que es un pozo sin fondo de conocimientos.

Sophie Neveu no es un personaje que me guste demasiado. No se hablaba con su abuelo porque tiene un «trauma». Muy infantil por su parte no haber hablado con él. Considero que es una niña egoísta que se lo ha hecho pasar mal a su abuelo porque mira, a ella le sentó mal una cosa que vio cuando ya era bastante mayor. A parte, como profesional criptógrafa no me gusta nada. Ayuda en los acertijos sí, pero no me parece un personaje fuerte ni destacable. Tiene algo que no me gusta y la salva ser la protagonista más protagonista de todos.

 

El capitán Bezu Fache es pesado a más no poder. Qué rabia de señor. Hace su trabajo pero sus métodos son un tanto cuestionables y no soporto su soberbia. Siempre está en plan esto es así porque yo lo sé y argggggggg. No puedo. Aunque sabe reconocer sus errores y eso es un punto a su favor.

En cuanto a sir Leigh Teabing, un historiador de buenísima reputación me parece un señor mayor adorable. También es un pozo inacabable de conocimientos sobre el Grial y es él el que lleva la introducción junto a Langdon de Sophie al mundo del Grial y sus protectores, los Caballeros Templarios. Y además resulta un señor bastante sorprendente…

Me gustó mucho también el obispo Aringarosa, un hombre de Dios perteneciente a las altas esferas del Opus Dei (traducido, la Obra de Dios). Está claro que cree verdaderamente en las enseñanzas de Camino y tiene un objetivo firme sobre el camino que debe tomar la Iglesia y la Fe. Puede parecer interesado y mezquino pero podemos ver que a parte de los errores que pueda cometer, es un hombre bueno y que, estemos de acuerdo con él o no, es una persona íntegra que lucha por lo que quiere.

Finalmente pero no menos importante, el numerario Silas. Totalmente digno de mención. Se va apareciendo durante todo el libro y tiene un papel fundamental en la historia. Tiene un pasado complicado y su única salida en la vida fue la que le proporcionó el obispo Aringarosa. Tiene un carácter explosivo y sufre cierta contradicción entre sus sentimientos incontrolables y la devoción por Dios que siente. Desde luego un personaje muy interesante.

 

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Los dos últimos detalles a nivel totalmente personal que me han encantado han sido en primer lugar, poder transportarme a los lugares que Langdon y Sophie visitan. El Louvre, Versalles, Londres en general, la Iglesia del Temple… Haberlo visto con mis propios ojos supone una experiencia mayor en la lectura y realmente lo he adorado. Y segundo, como me encanta el drama, he leído la última parte del libro con la banda sonora de la película, con la canción del final en el final. Y he llorado mucho.

Los finales de libro y película son distintos pero iguales. Es decir, acaban igual pero llegando por caminos distintos. Me gustan muchísimos ambos pero la pulcritud del final de la película me pesa. En el libro vas entreviendo lo que pasa y se va desvelando el final poco a poco, mientras que en la película es una sucesión de hechos que sobrevienen de golpe los que descubren el pastel. Quizá mantener la intriga hasta el final me parece mejor pero sea como sea, los dos han sido muy emotivos.


Claramente, le concedo un 4,5/5 al El Código Da Vinci. Por la historia y por el feminismo, por Silas y por el rato de desconexión y reflexión que me ha proporcionado después de terminarlo.

Lo mejor:

  • La coherencia de la historia, la conjunción entre la religión y el arte, el hilo conductor de la obra que está hilado con mucho mimo por el autor y no deja cabos sueltos. 
  • La belleza del final. Imposible describirlo de otra manera. 

Lo peor:

  • A pesar de que el personaje de Silas me pareció sumamente interesante, las partes donde se narra su historia me parecieron un poco lentas y que le restaban ritmo a la trama principal.