Hace año y medio aproximadamente, los rumores de que Otto Frank censuró a Ana, se dispararon. ¿Verdad o mito? ¿Qué escribió Ana para ser censurada?

Anne Franck Diary censored

"Me angustia más de lo que puedo expresar el que nunca podamos salir fuera, y tengo mucho miedo de que nos descubran y nos fusilen. Eso no es, naturalmente, una perspectiva demasiado halagüeña".

Anne frank - diario

Todo el mundo ha oído hablar de Ana Frank y su Diario. Muchos hemos leído sus páginas y hemos vivido con ella esos algo más de dos años en la casa de atrás, como la llamaban sus ocupantes. 

Ana y su familia (Otto, Edith y su hermana Margot), junto a los van Peels (Hermann, Auguste y Peter) y un amigo de la familia Frank, Fritz Pfeffer, se escondieron en una zona oculta conformada por tres pisos, en las oficinas de la empresa donde Otto Frank trabajaba. Durante el tiempo que duró su reclusión, los ocho ocupantes debían guardar rigurosas formas de hacer, de vivir, con tal de no ser descubiertos. Por supuesto, recibían ayuda del exterior. 

Apenas un mes antes de empezar a vivir en «la casa de atrás», Ana recibó como presente un diario en blanco y empezó a escribir en él, dirigiéndose al mismo como «Kitty». A día de hoy no se sabe aún si se dirigía a una amiga suya o si simplemente, decidió ponerle ese nombre sin más. En ese mes, podemos ver el drástico cambio de la vida de Ana, una niña que es descrita por diversas personas como vivaz, atrevida, nada tímida y muy ocurrente e imaginativa. Por ello, y porque Ana quería ser periodista y escritora, empezó a registrar su día a día. No olvidemos que tenía trece años cuando empezó su diario. 

Con él, ha conmovido a millones de personas y otras tantas han visitado «la casa de atrás» en Ámsterdam. Yo personalmente, me leí el libro para documentarme antes de ir y fue devastador ver que todo fue real. 

Según las fuentes oficiales, Ana escribió un primer diario, su diario más personal. Conforme fue madurando —y podemos imaginar que las condiciones en las que y por las que vivió encerrada la hicieron madurar a pasos agigantados— fueron creciendo en ella las ganas de ser escritora e incluso dijo que, una vez acabara todo, escribiría un libro sobre la casa de atrás. Es entonces cuando Ana se autocensuró. Reescribó su diario con un tono más artístico, más novelístico, lo que denotó esa gran madurez. Dejó de lado las expresiones más coloquiales más acordes con la niña que fue y empezó a darle forma a ese nuevo libro. Por ejemplo, en la versión reescrita, escribió:

«Así anduvimos bajo la lluvia torrencial, papá, mamá y yo, cada cual con una cartera de colegio y una bolsa de la compra, cargadas hasta los topes con una mezcolanza de cosas. Los trabajadores que iban temprano a trabajar nos seguían con la mirada. En sus caras podía verse claramente que lamentaban no poder ofrecernos ningún transporte: la estrella amarilla que llevábamos era elocuente.»

Resulta que, en el redactado original, ni existieron trabajadores, ni llovía. 

Así pues la propia madurez de Ana supuso un gran cambio en la redacción de los acontecimientos, haciéndolos más vistosos y más realistas, más fáciles de visualizar por los lectores. Así lo hacen los buenos escritores. 

¿Pero fue lo único que nos ocultó?

Ana no sólo maduró literaria y estilísticamente hablando, sino que esa misma madurez hizo que tomara en consideración ciertos pasajes acerca de su madre, con la que no se llevaba muy bien y con la cual había sido muy muy crítica en el diario original. A nuestros días, ha llegado una mezcla. Algunos pasajes fueron omitidos por Ana y fueron incluídos después en la edición moderna, como aquél en el que decía sobre su madre: «Siento la necesidad de tomar como ejemplo a mi madre, y de respetarla, es cierto que en la mayoría de los casos mi madre es un ejemplo para mí, pero más bien un ejemplo a no seguir.» 

Al parecer, su relación con su madre no fue lo único que intentó suavizar. Ana, viendo a su yo de 13 años desde la perspectiva de los 15, suprimió sus cavilaciones sobre sexo y sexualidad, así como las cartas de marzo de 1944 en las que hablaba con Peter van Pels sobre sexualidad y lo que piensan ambos sobre el tema. También respecto a Peter, los investigadores descubrieron que su enamoramiento fue aminorando, pues también suprimió en la versión reescrita pasajes que aludían a lo maravillosa que había sido una noche entera en la que ella y Peter habían pasado hablando de millones de cosas. 

Entonces, ¿qué hemos leído todos estos años?

La ¿censura? de Otto Frank

Miep Gies, una de las protectoras de los ocupantes de la casa de atrás, escondió los diarios de Ana y se los entregó a su padre en cuanto tuvo ocasión. En las ediciones modernas, las introducciones explican que Otto Frank escogió partes del diario original y del libro La casa de atrás y escribió una tercera versión. 

Hace aproximadamente un año y medio saltaron las alarmas y los titulares sensacionalistas. Otto Frank había censurado a su hija. Pero cualquiera que se ponga a pensar en las circunstancias, puede entender los «por qué». Y además, tampoco es nada nuevo. En las ediciones modernas se habla de que cuando Otto Frank decidió cumplir el sueño de su hija, estudió los textos y decidió eliminar algunos textos o pasajes para salvaguardar la memoria de aquellos a quienes la siempre crítica Ana plasmó tan bien en su diario (como por ejemplo, la relación que tenían sus padres). Finalmente, con permiso del Instituto Holandés de Documentación de Guerra (a quién le fueron legados los textos de Ana), las cartas que hoy podemos leer se acercan más a una verdadera mezcla entre la Ana escritora y la Ana de la casa de atrás. E incluso en 2013, en una edición especial por los 50 años de la publicación del Diario, se incluyeron partes en las cuales Ana habla abierta y explícitamente sobre la anatomía femenina, sobre su propia anatomía. 

No es descabellado pensar que en 1947 un padre quisiera proteger la memoria de su hija eliminando estas partes (a las que se hacen referencia en este artículo) ni tampoco es descabellado que quisiera preservar en la intimidad los vaivenes que podía tener con su mujer y que Ana, sin pudor alguno, recogió en su diario. Incluso en nuestros tiempos, esa misma edición de 2013 ha sufrido la denuncia en algunos puntos de Estados Unidos cuando se añadió a las lecturas escolares (dejando de lado debates acerca de la normalización de estos temas, sobre lo cual tenemos una opinión claramente favorable). 

Si todo esto era conocido, ¿cuál era la noticia que causó tanto revuelo?

Una vez más, la Ana escritora tomó las riendas de estos cortes. Ya se sabía que Ana no sólo había suprimido partes, sino que también había pegado encima de algunas páginas otras páginas para escribir encima, o para tapar lo ya escrito. Mediante técnicas digitales, los conservadores del diario, que evitan manipularlo a toda costa y que solo lo revisan una vez cada diez años aproximadamente, encontraron dos páginas tapadas (podéis ver en este vídeo ese proceso). Mediante escáneres pudieron por fin «descifrar» lo que había bajo el papel. Según los investigadores, el contenido de los extractos incluían chistes obscenos, habla de sexo, antinconceptivos, homosexualidad y prostitución, pero aún y así el valor de esas páginas se centran en la evolución como escritora de Ana, cómo enfoca los temas y cómo los presenta. The New York Times, realiza un gran enfoque de la noticia, y asimismo, aunque con un desafortunado titular, El País hace una recopilación de las partes suprimidas. 

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Así pues, el gran escándalo, la gran censura, vino de la propia mano de la autora. Otto Frank intentó proteger a su hija en una sociedad destruída, cerrada y anticuada, y no podemos culparle por ello. Gracias a su trabajo y al legado que dejó, hoy en día podemos disfrutar de la versión considerada íntegra del Diario de Ana Frank, gracias a la puesta a disposición del texto descubierto. Para muchos, estos descubrimientos nos han permitido conocer a una Ana distinta, a esas dos Anas que ella misma describia: la Ana seria, la que quería ser escritora, y la Ana divertida y extrovertida, superficial según sus palabras, cuando estaba con los demás. 

Anne Frank colegio diciembre 1941

*Gran parte de la información utilizada para el presente artículo ha sido extraída de la página oficial www.annefrank.org, así como de algunos periódicos citados anteriormente. Podéis encontrar información más detallada sobre Ana y los otros 7 ocupantes de la casa de atrás en la página oficial, así como material multimedia y una visita virtual guiada por la casa.

La primera fotografía del diario con las páginas 78 y 79 tapadas es extraída del sitio oficial de la casa de Ana Frank, de la colección de fotos de su propiedad. La segunda fotografía con las páginas reveladas, extraída de The New York Times, Peter Dejong/Associated Press.